Desafío: el reconocimiento de competencias

Sí, seguro que has oído hablar de las competencias. Pero, ¿te has preguntado qué sabes y qué sabes hacer y de cómo ‘probar’ eso ante el mundo? Si te paras a pensar, verás que cada día estamos constantemente sometidos a prueba. Para subir al metro tienes que tener una serie de competencias (orientación, lingüística, saber estar, manejo del dinero, cuidado y precaución), para conducir otras tantas (atención, reflejos, orientación, sentido del espacio, …) y hasta para comer hacen falta (decoro, coordinación visual-táctil). ¿De dónde viene esto? ¿Cómo lo aprendiste? ¿Cómo puedes conseguir que todo eso te ayude en tu día a día a la hora de estudiar, buscar un trabajo o con tu jefe?

En los últimos años hemos vivido la revolución de las competencias profesionales. Hemos entendido -por fin- que las competencias no son sólo aquellas que se adquieren desde las vías puramente académicas (colegio, instituto, universidad, …) si no que va mucho más allá. Ahora, el Ministerio de Empleo te permite reconocer tus competencias profesionales si no tienes una acreditación oficial.

Lo trágico de la situación es que la historia de las competencias viene de lejos. Los teóricos del currículo por competencias dicen que su aparición se remonta a inicios de la época industrial, cuando más que el conocimiento se buscaba la técnica, el saber hacer. En los 60, Chomsky comienza a hablar de competencias lingüísticas y varias décadas más tarde, el sistema educativo cambia y comienza a funcionar por el reconocimiento de competencias.

 ¿Cuáles son mis competencias? ¿Realmente tienen valor?

En Conexión Retiro siempre relato lo mismo. En la búsqueda de empleo son necesarias dos tipos de competencias: las técnicas (saber hacer un buen CV -creativo o no-, conocer el mercado laboral, saber crear un videoCV, estar preparado para afrontar una entrevista de trabajo, etc.) y transversales. Estas competencias transversales (gestión de conflictos, inteligencia emocional, convivencia y trabajo en equipo, etc.) son precisamente la que nos diferencian, son las que nos hacen únicos y especiales. Todos los psicólogos sabemos cómo funciona la terapia cognitivo-conductual pero, ¿por qué un mismo paciente no soporta a su psicólogo y se encuentra genial con el del vecino? Por esas competencias que definen nuestro hacer.

Así que, en pocas palabras, el sistema formativo ideal, que se basa en competencias o en el desarrollo de habilidades debería tener en cuenta las competencias relacionadas con:

  • El saber hacer: tiene que ver con el conocimiento, con la técnica;
  • El saber ser: tienen relación con la ética de mínimos y máximos, con los valores y
  • El saber estar: para poder convivir y vivir en un mundo social

¿Cómo reconocer personalmente tus competencias?

Aquí viene la parte que te gustará menos. La única clave para reconocer qué sabes hacer, en qué sabes ser y en qué sabes estar es: PENSAR. Piensa en las actividades que has realizado a lo largo de tu vida. Piensa en tu formación: ¿qué actividades realizabas? ¿qué conocimientos adquiriste? ¿alguna vez hablaste en público? ¿qué competencias lingüísticas, escritas, sociales o creativas desarrollaste? Piensa en el tiempo extra: ¿has sido voluntario? ¿has participado en actividades en tu tiempo libre: deporte, actividades en la naturaleza, actividades con otras personas, …?

Sin embargo, mientras que las competencias relacionadas con el saber hacer están bien reconocidas (títulos de cualificación profesional, estudios universitarios, certificados formativos, …), las competencias relacionadas con el saber ser y el saber estar lo están menos. Y esto es fuente de frustración porque aquellas prácticas no remuneradas en Toledo son experiencia y aquel voluntariado de cooperación en Uganda también son competencias. Pero aquí está la buena noticia: estas competencias, en el mundo laboral son de las mejor valoradas. Aunque en algún trabajo sea todavía importante el nivel de especialización y ser un experto en los métodos de reproducción de la mangosta de Angola te habra muchas puertas, en la mayoría de los empleos valorarán muy positivamente que sepas trabajar en equipo, organizar tu propio trabajo, ser proactivo y propositivo aunque tu informe laboral diga que has trabajado un año.

Más buenas noticias. Algunas entidades también han puesto en marcha programas para el reconocimiento de competencias en materia de voluntariado. Ejemplos:

No le des más vueltas

Eres algo más que un certificado formativo. Infórmate, investiga, pon en práctica lo que sabes hacer y adquiere ese saber sersaber estar combinando tu experiencia laboral con esa otra experiencia que se adquiere participando, moviéndose y construyendo. Y no te preocupes demasiado si aún estás buscando tu primera experiencia laboral o si tienes más de 45 y crees que no hay más oportunidades: reconoce tus competencias y lucha por tu objetivo.

¿Quieres saber más? Guía práctica para validar competencias en voluntariado

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