“El lugar seguro”

Hoy compartía un post en Ig sobre el significado del concepto “el lugar seguro“.

Cuando comenzamos nuestro recorrido como (psico)terapeutas, una de las herramientas más socorridas es la instauración de un “lugar seguro”. Esto vendría a ser como: “si estás desregulada, voy a darte una herramienta para que de una forma más ¿sencilla? puedas regularte“. Así planteado, suena muy bien. Normalmente, nos explican el siguiente paso: guiar una meditación, a través de lo que suele ser un paisaje o escena recreada en la imaginación de la persona, donde pueda conectar con emociones o vivencias de tranquilidad, de calma, de seguridad. Se suele aclarar que lo ideal es que en esta escena no haya ninguna persona, por la ambivalencia o el contenido emocional que pueda tener ello.

Hasta aquí, la teoría es ok. Pero, ¿qué pasa cuando la persona se siente incapaz de instaurar este “lugar seguro”? ¿Qué ocurre cuando el nivel de activación es tan alto (o tan bajo) que la regulación propia no es posible? Y es que esto puede ocurrir. Pues que, entre otras posibilidades, a lo mejor estamos intentando ir un poquito más deprisa de lo que la persona necesita. Si en tu vida no has tenido la oportunidad de conectar con la calma, ¿cómo vas a evocarla? Si tu última conexión con la calma fue hace muchísimo, ¿cómo vas a evocarla? Y aquí entra el rol de la psicoterapeuta y el vínculo terapéutico.

Si en el setting terapéutico somos capaces de evocar esta calma, ya hay un punto de conexión.

Si a través del vínculo, somos capaces de evocar esto, ya hay un punto de conexión. A veces, la restauración del vínculo, empieza por el contexto terapéutico.

Por otro lado, ¿qué ocurre cuando la persona dice “me han quitado mi lugar seguro“? En el post decía que nadie puede quitarte tu lugar seguro porque el lugar seguro te pertenece a ti. Voy a explicarme: cuando la regulación propia, la conexión con la calma, el volver a la estabilidad, no depende de otra persona – lugar – cosa, nadie puede “quitarte esto”. La clave de la técnica no está en la técnica per se, más bien en lo que es capaz de evocar. De esta manera, si alguien te fastidia esa persona – lugar – cosa, no te va a fastidiar tu “lugar seguro” porque no está enlazado al objeto en sí, si no a la emoción que evoca.

Finalmente, es importante hacer este mini – apunte “mental”: el objetivo no es estar en la calma 24/7. Nos desregulamos porque la desregulación cumple una función protectora o como mínimo, de aviso, de “¡Ey! Ojito cuidao con eso“. Negar la desregulación, evitarla a toda costa, no suele traer nada nuevo. Se merece, por lo menos, que tras regularnos le podamos prestar un poquito de atención y le preguntemos a qué ha venido.

Espero que este breve apunte sobre la regulación / desregulación, el lugar seguro y su relación con el vínculo terapéutico, os sea de utilidad.

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