Pasé muchos años de mi vida encontrando una vÃa artÃstica en la que pudiera sentirme cómoda. Probé con la guitarra clásica, la acuarela, el macramé, el sketching, el scrapbooking, la cerámica, … Con más o menos éxito, recordando la mirada reprobatoria de mi profesor de plástica en el instituto. En mi vulnerabilidad, pensé que no tenÃa “lo que hay que tener” para desenvolverse en una disciplina artÃstica. Poder transmitir la belleza a través de lo menos explÃcito. Porque a mÃ, lo explÃcito, el lenguaje, ya se me daba muy bien. Hasta que en mi tercer embarazo / puerperio, el segundo con un bebé sin latido, descubrà que necesitaba sacar lo que llevaba dentro y lo único que tenÃa a mano eran revistas de publicidad, unas tijeras y una barra de pegamento. Era el mes de agosto y vivÃa en un pueblo. TenÃa que guardar reposo absoluto. Planazo. Ahà comenzó mi relación con el collage.
Y ahora, tiempo después, si me dieran a elegir la herramienta más terapéutica que conozco, me arriesgarÃa a decir que es precisamente el collage el que salvó una parte de mi salud mental.
Quizá no para todo el mundo. Al final, cada persona encuentra en las distintas vÃas artÃsticas una herramienta de expresión propia. Hay quienes dirán que es la acuarela; otras, el carboncillo; o la cerámica; o al final, el macramé. Cada medio de expresión requiere de una presión, un tiempo, un ser diferente.
Para mÃ, es el collage. Por sus tiempos orgánicos, por el potencial simbólico, por el mix media. Hay algo terapéutico en sentarte a elegir una imagen, una palabra, un texto, una textura. Darle significado. Sostener con precisión un cutter, cortar. Y entender que si se corta por el lado que no es, el collage será irremediablemente distinto. Colocar pieza a pieza, meditar cada una. Dotar de simbolismo. Fotografiar. Y después, ordenar y pegar las piezas. Sabiendo, de nuevo, que el collage que tienes ante ti, no es igual que el que habÃas planificado antes. El collage te obliga a soltar, a aceptar que el resultado final no es el que ibas buscando, a que la vida no es justa. Y que a pesar de ello, hay belleza ahÃ.
El collage, como técnica, es un proceso orgánico, tiene sus propios tiempos. Permite a la imaginación hacer su trabajo. Freud dirÃa que es un modo de sublimar, seguramente. Para mÃ, el collage es terapéutico. Y un arma de protesta. Porque significa recoger el desecho y transformarlo en algo distinto. Real y metafóricamente. Si el arte es terapia, el collage es fundamental en el proceso.
Si me cruzase con ese profesor de plástica, le dirÃa que por qué no nos dejó hacer algún collage… Y le animarÃa a venir a uno de mis talleres, que seguro que descubre algo nuevo sobre sà mismo, sobre la vida o sobre lo que le rodea con unos pocos elementos muy sencillos.